Cuando el agua deja de ser saludable.

Cuando el agua deja de ser saludable.


Cuando el agua deja de ser saludable.

El estado de hidratación está determinado por factores como el estado de salud, el clima, las actividades, la cantidad de sodio presente en nuestros alimentos, etc. 

Dentro de las recomendaciones más comunes para cuidar el cuerpo se encuentra el estado de hidratación que va de la mano con un consumo de agua adecuado. De acuerdo a las guías nutricionales, la sugerencia de su consumo es en hombres de 3 a 3.5 litros y mujeres de 2 a 2.5 litros de líquido en total, es decir aquí debemos incluir sopas caldosas, infusiones o tés, y líquidos en general, incluso frutas y verduras. 

Gracias a este vital líquido, nuestro cuerpo puede eliminar los desechos a través de la orina y las heces fecales, regular la temperatura corporal, proteger a los órganos vitales haciendo un efecto amortiguador, y lubricar las articulaciones. Para asegurar un buen estado de hidratación tenemos algunos indicadores a los que debemos estar atentos, el principal es la sed ya que cuando no percibimos esta sensación con frecuencia es probable que la cantidad de agua que consumimos sea sufiente, también el verificar que el color de la orina sea amarillo claro es indicador de una buena hidratación. 

Pero, ¿en qué momento este elemento vital deja de ser saludable? En realidad, casi todos tenemos la capacidad de escuchar las señales que nos da nuestro cuerpo cuando necesita agua y está asociada al sentir sed. Sin embargo, sensaciones básicas como sed, hambre y saciedad se ven alteradas en padecimientos como los trastornos de la conducta alimentaria por el “trauma” que se ha generado al cuerpo por no atenderlas o sobre estimularlas; por ejemplo, hay muchos casos en los que conductas como el tomar agua en exceso con la intención de alcanzar una sensación de plenitud o el  dejar de tomar agua por el miedo a engordar, pueden generar alteraciones a nivel fisiológico como insuficiencia renal o desequilibrio hidroelectrolítico que pueden afectar algunos órganos como el corazón. 

Así, el requerimiento de agua de una persona es individual, no hay mejor indicador de nuestro estado de hidratación que el color de la orina y la sensación de sed que podamos percibir, de ahí la importancia de aprender a reconocer las señales de nuestro cuerpo y atenderlas con lo que nos pide. 

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