SALUD DIGESTIVA: PROBIÓTICOS Y PREBIÓTICOS

Salud digestiva: probióticos y prebióticos

Las nuevas formas de alimentación han puesto de moda el concepto de “alimentos funcionales”.  Son considerados alimentos funcionales si, más allá de su efecto nutricional, favorecen una o más funciones fisiológicas en el cuerpo humano, mejoran la condición física general y/o reducen el riesgo de enfermedad. Deben integrarse a la dieta habitual en cantidad y forma por lo que no pueden ser considerados un medicamento.

En los últimos años el papel de la microbiota intestinal ha tomado gran importancia al encontrarse que desempeña importantes funciones metabólicas, de barrera defensiva e inmunorreguladora, incluso en enfermedades que aparentemente tienen poca relación con el intestino, como la obesidad, diabetes mellitus tipo 2, enfermedades cardiovasculares, autismo, etc.

Dentro de ese concepto encontramos que el consumo de probióticos y prebióticos tienen un papel importante en la salud intestinal, pero ¿qué son y por qué debemos integrarlos a nuestra alimentación?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a los probióticos como “microorganismos vivos que cuando son administrados en cantidad adecuada ejercen un efecto beneficioso sobre la salud del huésped”. En este caso Según la Asociación Científica Internacional para los Probióticos y Prebióticos, abarca desde fármacos probióticos, alimentos probióticos, por ejemplo el yogurt o kéfir, hasta fórmulas infantiles.  Para garantizar su beneficio, deben llegar vivos al colon.

Los prebióticos “son ingredientes fermentados selectivamente que dan lugar a cambios específicos en la composición y/o la actividad de la flora gastrointestinal, confiriendo así beneficios a la salud del huésped”. Como ejemplo práctico podemos considerar a la fibra presente en la avena, cereales, frutas y verduras.

Un consumo regular de probioticos y prebioticos puede lograrse a través de una dieta variada y completa; es decir el integrar todos los grupos de alimentos diariamente nos permitirá corregir problemas como estreñimiento, diarrea, equilibrar nuestra microbiota después de un tratamiento antibiótico, mejorar la resistencia a la insulina, inflamación asociada a un exceso de tejido adiposo e hígado graso.

En algunas ocasiones, y según nuestra historia nutricional, puede ser necesario el utilizar algún fármaco probiótico, por lo que es importante acudir a una cita con tu nutriologo de confianza. Recuerda que todo tratamiento es personalizado y debe ajustarse a tu estilo de vida y objetivos.

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